domingo, 22 de mayo de 2011

repique y cosas por el estilo


Cada día es una fuente infinita de placeres pequeños para descubrir, aquellos de visión positiva disfrutarán infinitamente de ellos, esos que no, tan solo de uno por vez…en los mejores casos.
Hace cuestión de semanas que descubrí por casualidad el sonido de los tamboriles, del candombe real, el de barrio. ¿Será que pasé 24 años de mi vida ignorando y subestimando su belleza? me pregunto mientras veo arder el fuego donde se calentarán las lonjas. Repique, chico, piano bla bla bla, sé que alguna vez lo aprendí pero lo olvidé hace rato. Instrumentos musicales complejos, donde el espíritu hace presencia y forja los golpes. Música.
Está tan lleno de vida y fuerza que no puedo evitar, aunque más quiera, dejarme seducir por su ritmo salvaje. En ese viaje donde mi oído descubre lo apasionante del ritual y observo los cuerpos sacudidos con cada golpe, las muecas de concentración, los brazos pegando furiosamente para caer en la magia del sonido conjunto.
No sé nada sobre el candombe, nada sobre tamboriles y me fascina la ignorancia ya que eso significa hundirme cada noche en el barrio viejo para revolver en las páginas que carga su gente, entre el fuego y las risas.
Y… el descubrimiento del mundo es personal, yo estudio el candombe por ahora y disfruto intensamente de las casualidades macanudas.
Tengo tantas cosas al alcance de mi mano por descubrir, miles de cosas que ignoro que llenarán mi espíritu un día de estos. Son todos detalles que evitamos pero que podríamos disfrutar.
La felicidad está llena de esos detalles, solo se alcanza la felicidad cuando reparamos en cosas simples, tan simples como una sonrisa.


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